En los últimos años el interés por los hongos psilocibios -conocidos por sus efectos psicodélicos- ha crecido notablemente en Chile. Aunque aún no existe regulación para su uso terapéutico, cada vez más profesionales de la salud mental y pacientes comienzan a explorar nuevas respuestas a problemas como la ansiedad, la depresión o el trauma complejo.
Un reportaje del programa Informe Especial (TVN) visibilizó el uso terapéutico de los hongos psilocibios por primera vez en televisión abierta, dando cuenta del interés creciente en este tipo de terapías ¿cómo se aplican? ¿qué beneficios y riesgos existen?, esos son los aspectos que abordamos en el siguiente artículo.
Por qué los hongos psilocibios: "despiertan procesos profundos"
Quizás es lo primero que nos preguntemos, y la respuesta debe venir de un profesional especializado. "Me parece importante que existan alternativas seguras y accesibles para las personas que buscan mejorar su salud mental y su bienestar", señala Claudia Pissani, doctora en Neurociencia y presidenta de SIEP Chile. Según explica, regular el uso permitiría establecer estándares y protocolos claros que cuiden los procesos y minimicen los riesgos. "Regular no es prohibir: es garantizar que exista acceso, calidad y seguridad dentro de un marco ético".
Pissani también advierte que este tipo de terapias despiertan procesos profundos y, por lo mismo, requieren acompañamiento profesional: "No se trata solo de permitir el uso, sino de acompañar los procesos de conciencia que estas experiencias despiertan, especialmente en contextos de vulnerabilidad o desigualdad social".
Experiencia + evidencia: ¿es posible integrar ambos mundos?
Aunque ya existen estudios internacionales y evidencia científica que respalda el uso, se sigue investigando. Pero para algunas y algunos terapeutas, hay un aspecto que no puede quedar fuera: la experiencia humana.
"La evidencia científica es importante, pero no más importante que la experiencia. Ambas dimensiones —la científica y la vivencial— son necesarias y complementarias", afirma Claudia Pissani.
Desde la práctica clínica, Paola Barros, psicóloga, investigadora e integrante del colectivo Los Divulgadores, coincide: "La evidencia es la base, pero se completa con la experiencia humana, con el respeto por cada historia y con la posibilidad de aprender juntos".
En su trabajo ha visto resultados valiosos en personas con ansiedad, depresión o trauma, donde "se observa una mayor claridad emocional, una reducción del malestar y, en muchos casos, una capacidad renovada para observarse con compasión y tomar decisiones más coherentes".
Aquí no existe una "píldora mágica". Lo que marca la diferencia, enfatiza Paola Barros, es el proceso terapéutico: "El acompañamiento comienza mucho antes del uso de hongos. Se necesita conocer a la persona, generar un vínculo terapéutico: conocer su historia médica, emocional y familiar. Esa preparación también es parte del cuidado".
Otro aspecto clave es la integración: "Que lo vivido no quede solo en ideas, sino que se transforme en vida. Que lo comprendido se sienta en el cuerpo, se refleje en los vínculos y en la forma en que habitamos el mundo".
Comunidad y transformación cultural
Para Salvador Abarzúa M. Psicologo, Dr (C) en Ciencias Sociales y socio fundador de Magmandino, el fenómeno no puede mirarse solo desde lo clínico: también es cultural.
"Sí, estamos inmersos en un cambio cultural profundo. El psiquismo ya no es solo neuroquímica, el cuerpo ya no es solo biología. Esta conciencia emergente es aún frágil, pero es real."
Explica que estas terapias están abriendo una nueva narrativa de salud mental, donde conceptos como "reducción de daños", "integración" y "acompañamiento no directivo" cobran fuerza. En ese escenario, la comunidad ocupa un lugar central: "Sin comunidad no hay contención ni integración auténtica. Más que una sustancia, lo que importa es la relación viva entre terapeuta, paciente, grupo, espacio y naturaleza".
Regulación en Chile
Si bien en Chile no existe un marco regulatorio, el Instituto de Salud Pública (ISP), que depende del Ministerio de Salud, tiene la facultad de controlar la producción de los productos considerados estupefacientes siempre y cuando sea con fines médicos o de investigación científica. Es el decreto supremo N° 405/1983 el que regula esto y sería modificado para permitir el uso de psilocibina en los productos farmacéuticos. Esto entronca con las disposiciones de la ley de drogas de Chile, que abre la puerta a esta regulación. En la Ley 20.000, el artículo 4° dice que no corresponde la pena por posesión o transporte si está justificado el tratamiento médico o el consumo personal próximo en el tiempo.
El debate ya está abierto y la información veraz, el cuidado y la ética pueden marcar la diferencia entre un riesgo y una oportunidad terapéutica.
Como resume Claudia Pissani: "Democratizar no es solo abrir el acceso, sino educar sobre los cuidados, los riesgos y los procesos de integración. Solo desde ahí se puede desmitificar."
¿Por qué surge hoy este tema?
Porque la salud mental está en crisis y miles de personas buscan alternativas cuando los tratamientos convencionales no han dado respuesta. Y porque —como dijo un entrevistado— "la teoría sin experiencia es un mapa sin territorio".
Hablar de estas terapias no es promover su uso. Es abrir la conversación sobre cómo cuidarnos mejor. Sobre qué caminos pueden aparecer, si aprendemos a mirar con rigor... y con conciencia.







